A medida que envejecemos, el sueño experimenta cambios significativos que afectan directamente a nuestra salud y bienestar. Entender estos cambios y aprender a adaptarnos a ellos resulta fundamental para mantener una buena calidad de vida. Desde Quality Descans, con más de 30 años ayudando a personas a descansar mejor, queremos compartir contigo todo lo que necesitas saber sobre el descanso en esta etapa vital.
La importancia del sueño en personas mayores
El descanso adecuado no es un lujo, sino una necesidad biológica que cobra aún más relevancia con el paso de los años. Durante el sueño nocturno, nuestro organismo lleva a cabo procesos de reparación celular, consolidación de la memoria y regulación hormonal que resultan esenciales para el correcto funcionamiento del cuerpo y la mente.
La relación entre un buen descanso y la longevidad está más que demostrada. Numerosos estudios han evidenciado que las personas que mantienen patrones de sueño saludables a lo largo de su vida presentan menor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y deterioro cognitivo. El sueño actúa como un mecanismo de protección natural que fortalece nuestras defensas y previene el desarrollo de múltiples patologías.
En la tercera edad, donde el sistema inmunológico tiende a debilitarse, dormir bien se convierte en uno de los pilares fundamentales de la salud preventiva. Un adulto mayor que descansa correctamente tiene más herramientas para hacer frente a infecciones, reducir procesos inflamatorios y mantener estable su tensión arterial.
Beneficios de un buen descanso en el adulto mayor
Los beneficios de un sueño reparador van mucho más allá de simplemente sentirse descansado al despertar. La calidad del sueño influye directamente en la capacidad cognitiva: personas mayores que duermen lo suficiente mantienen mejor su memoria a corto plazo, procesan información con mayor rapidez y conservan su capacidad de aprendizaje más activa.
El sistema inmunológico se fortalece notablemente durante las horas de sueño profundo. Durante esta fase, el organismo produce citoquinas, proteínas que ayudan a combatir infecciones y reducen la inflamación. Por eso, muchas personas mayores que sufren falta de sueño son más propensas a resfriados, gripes y otras enfermedades.
Uno de los aspectos menos conocidos pero igualmente importantes es la relación entre el buen descanso y la prevención de caídas. La somnolencia y el cansancio acumulado afectan al equilibrio, los reflejos y la coordinación motora. Un adulto mayor bien descansado tiene mayor estabilidad física y reacciona mejor ante situaciones que requieren rapidez de movimiento.
El estado de ánimo también mejora sustancialmente. La depresión y la ansiedad son más frecuentes en personas que experimentan problemas del sueño crónicos. Descansar correctamente ayuda a regular los neurotransmisores responsables de nuestras emociones, lo que se traduce en mayor bienestar emocional y mejor calidad de vida.

Cambios en el sueño con la edad: qué es normal y qué no
Conforme cumplimos años, nuestro cuerpo atraviesa transformaciones naturales que modifican la forma en que dormimos. No se trata de que las personas mayores necesiten dormir menos, como erróneamente se cree, sino de que su patrón de sueño y descanso evoluciona de manera distinta.
Es completamente normal que un adulto mayor tarde más tiempo en conciliar el sueño, experimente despertares nocturnos más frecuentes o sienta la necesidad de acostarse y levantarse más temprano. Estos cambios en el sueño responden a modificaciones en el ritmo circadiano, ese reloj interno que regula nuestros ciclos de vigilia y sueño. La producción de melatonina, hormona fundamental para regular el sueño, disminuye con la edad, lo que explica muchas de estas alteraciones.
Sin embargo, hay señales de alarma que no debemos ignorar. Si experimentas dificultad para conciliar el sueño después de más de 30 minutos cada noche, si te despiertas múltiples veces sin motivo aparente o si la somnolencia diurna interfiere con tus actividades habituales, podría tratarse de un trastorno del sueño que requiere atención médica. Los problemas para conciliar el sueño persistentes no son una consecuencia inevitable del envejecimiento.
Las fases del sueño en mayores
El sueño no es un estado uniforme, sino que atraviesa diferentes etapas que se repiten cíclicamente a lo largo de la noche. Con la edad, la arquitectura de estas fases del sueño experimenta cambios significativos que afectan a la calidad del descanso.
La fase de sueño profundo, también conocida como sueño de ondas lentas, se reduce considerablemente en las personas mayores. Esta etapa es crucial porque durante ella el cuerpo realiza sus procesos de reparación más intensos. Su disminución explica por qué muchas personas mayores tienen un sueño más ligero y se despiertan con facilidad ante cualquier estímulo externo como ruido, luz o cambios de temperatura.
El sueño REM o sueño de movimientos oculares rápidos, fundamental para la consolidación de la memoria y el procesamiento emocional, también se ve afectado. Aunque su duración total puede mantenerse, su distribución a lo largo de la noche cambia, fragmentándose en episodios más cortos y menos profundos.
Esta fragmentación del descanso nocturno es uno de los motivos por los que muchas personas mayores se sienten menos descansadas incluso durmiendo las horas necesarias. La continuidad del sueño resulta tan importante como su duración total.
Horas de sueño necesarias bien en la tercera edad
Existe un mito muy extendido que afirma que al envejecer necesitamos dormir menos. Esta creencia no solo es falsa, sino potencialmente perjudicial. Las personas mayores de 65 años necesitan entre 7 y 9 horas de sueño diario para mantener su salud óptima, prácticamente la misma cantidad que un adulto joven.
Lo que sí cambia es la forma en que se distribuyen esas horas. Muchas personas mayores compensan un sueño nocturno más fragmentado con una siesta durante el día. Esta práctica puede ser beneficiosa siempre que no supere los 30-45 minutos y no se realice demasiado tarde, ya que una siesta excesiva o tardía puede dificultar conciliar el sueño por la noche.
Dormir en exceso, más de 9 horas regularmente, tampoco es recomendable. La hipersomnia puede ser síntoma de otros problemas de salud como depresión, trastornos tiroideos o efectos secundarios de algún medicamento. Si te encuentras durmiendo muchas más horas de lo habitual y sigues sintiéndote cansado, conviene consultarlo con tu médico.
Problemas de sueño más comunes en la tercera edad
Los problemas de descanso en ancianos son más frecuentes de lo que pensamos y tienen un impacto directo en la salud física y mental. Reconocerlos a tiempo permite abordarlos adecuadamente y evitar que se cronifiquen, mejorando significativamente el bienestar general.
Aproximadamente el 50% de las personas mayores reportan algún tipo de dificultad para dormir de forma regular. Esta alta prevalencia no significa que sea algo que debamos aceptar sin más. Muchos de estos problemas tienen solución o pueden aliviarse considerablemente con las medidas adecuadas.

Trastorno del sueño y problemas de descanso frecuentes
El insomnio en personas mayores es el trastorno más prevalente. Se manifiesta como dificultad para conciliar el sueño después de 20 minutos o más en la cama, despertares frecuentes durante la noche o despertar muy temprano sin poder volver a dormirse. El insomnio crónico no solo provoca cansancio, sino que puede agravar condiciones preexistentes como la hipertensión o la diabetes.
La apnea del sueño afecta a un porcentaje significativo de adultos mayores. Este síndrome de apnea-hipopnea durante el sueño se caracteriza por pausas respiratorias repetidas que interrumpen el descanso y reducen la oxigenación cerebral. Los síntomas incluyen ronquidos intensos, somnolencia diurna excesiva y dolor de cabeza matutino. Requiere diagnóstico médico mediante un estudio del sueño.
El síndrome de las piernas inquietas causa una sensación desagradable en las extremidades inferiores que genera una necesidad imperiosa de moverlas, especialmente al intentar dormir. Esta condición puede hacer muy difícil conciliar el sueño y mantenerlo durante toda la noche.
Los despertares nocturnos múltiples fragmentan el sueño impidiendo que alcancemos las fases más reparadoras. Pueden deberse a múltiples causas: desde la necesidad de orinar (nicturia) hasta dolor crónico, pasando por ansiedad o efectos de medicamentos.
Causas de los problemas de sueño en ancianos
Las causas de los problemas para conciliar el sueño en la tercera edad son multifactoriales y a menudo se superponen. Identificarlas correctamente es el primer paso para abordarlas de forma efectiva.
Los factores médicos juegan un papel fundamental. Enfermedades como la artritis, la fibromialgia o las neuropatías generan dolor que interrumpe el sueño constantemente. Las patologías cardiovasculares pueden causar disnea nocturna, y los problemas digestivos como el reflujo gastroesofágico empeoran al estar tumbados. Además, muchos medicamentos utilizados para tratar estas enfermedades tienen como efecto secundario la alteración del sueño: algunos antihipertensivos, broncodilatadores, corticoides o antidepresivos pueden causar insomnio o somnolencia excesiva.
Los cambios hormonales propios del envejecimiento también influyen. La disminución en la producción de melatonina altera nuestro ritmo circadiano natural. En las mujeres, la menopausia y los cambios hormonales asociados pueden provocar sofocos nocturnos que interrumpen el descanso.
El estilo de vida y los factores ambientales no deben subestimarse. La reducción de la actividad física durante el día disminuye la presión homeostática del sueño, es decir, esa necesidad natural de dormir que se acumula con el ejercicio y las actividades. La exposición insuficiente a luz natural desincroniza nuestro reloj interno. Y hábitos como el consumo de cafeína, alcohol o tabaquismo afectan negativamente tanto a la capacidad para conciliar el sueño como a su calidad.
Consejos para dormir bien en la tercera edad
Mejorar el descanso en la tercera edad es posible implementando cambios en nuestra rutina diaria y en el entorno donde dormimos. No hace falta realizar transformaciones drásticas; pequeñas modificaciones sostenidas en el tiempo pueden generar mejoras significativas en la calidad de sueño.
La constancia es clave. Los buenos hábitos de sueño no muestran resultados inmediatos, pero mantenerlos durante varias semanas permite que nuestro organismo se adapte y recupere un patrón más saludable. Requiere paciencia y compromiso, pero los beneficios compensan con creces el esfuerzo inicial.
Consejos para dormir mejor: hábitos diarios
Establecer una rutina de sueño regular es probablemente la medida más efectiva. Acostarse y levantarse a la misma hora cada día, incluso los fines de semana, ayuda a sincronizar nuestro ritmo circadiano. Nuestro cerebro aprende cuándo debe prepararse para dormir y cuándo para despertar, facilitando tanto conciliar el sueño como el despertar natural.
La exposición a luz natural durante el día, especialmente por la mañana, refuerza este ciclo. Intentar pasar al menos 30 minutos al aire libre en horas de luz solar ayuda a regular la producción de melatonina. Si las condiciones no lo permiten, situarse cerca de una ventana durante el desayuno puede ser una alternativa válida.
El ejercicio físico adaptado a las capacidades de cada persona tiene múltiples beneficios para el sueño. No es necesario realizar actividades intensas; caminar, nadar o practicar ejercicios suaves como el tai chi resultan muy beneficiosos. Lo ideal es realizarlo por la mañana o a primera hora de la tarde, evitando las tres horas previas a acostarse, ya que la activación física puede dificultar el inicio del sueño.
La alimentación también juega su papel. Una cena ligera, al menos dos o tres horas antes de dormir, evita molestias digestivas nocturnas. Conviene limitar el consumo de cafeína después del mediodía, ya que sus efectos estimulantes pueden persistir hasta 6-8 horas. El alcohol, aunque inicialmente pueda provocar somnolencia, fragmenta el sueño y reduce su calidad en la segunda mitad de la noche. Y por supuesto, el tabaquismo afecta negativamente al descanso por su efecto estimulante y por los problemas respiratorios que provoca.
Consejos para dormir bien: el ambiente ideal
El dormitorio debe ser un santuario dedicado exclusivamente al sueño y al descanso. Crear un ambiente propicio marca una gran diferencia en nuestra capacidad para dormir bien en la tercera edad.
La temperatura ideal para dormir oscila entre 16 y 20 grados. Un dormitorio demasiado cálido dificulta el inicio del sueño y provoca despertares nocturnos. El calor excesivo interfiere con el descenso natural de la temperatura corporal que nuestro organismo necesita para iniciar el sueño profundo.
La oscuridad total es fundamental. La luz, incluso en pequeñas cantidades, puede inhibir la producción de melatonina. Cortinas opacas, persianas o antifaz para dormir son soluciones efectivas. También conviene eliminar luces de dispositivos electrónicos como relojes digitales o cargadores.
El ruido es uno de los principales enemigos del buen descanso. Si vivimos en una zona ruidosa, podemos usar tapones para los oídos o dispositivos de ruido blanco que enmascaran sonidos molestos. Mantener el dormitorio bien aislado acústicamente mejora significativamente la continuidad del sueño nocturno.
Las pantallas de móviles, tablets o televisores deben evitarse al menos una hora antes de dormir. La luz azul que emiten suprime la producción de melatonina y mantiene nuestro cerebro en estado de alerta. Es preferible dedicar ese tiempo previo a actividades relajantes como la lectura de un libro en papel, escuchar música suave o practicar ejercicios de respiración.
Cómo mejorar el descanso en la tercera edad
Más allá de los hábitos básicos, existen estrategias adicionales que pueden ayudarnos a mejorar la calidad del sueño de forma integral. Estas técnicas actúan sobre diferentes aspectos que influyen en nuestro descanso, desde la gestión del estrés hasta la optimización del entorno físico donde dormimos.
Cuando los problemas persisten a pesar de aplicar medidas de higiene del sueño, resulta necesario consultar con un especialista. Un médico o un especialista en medicina del sueño puede realizar una exploración física completa, descartar patologías subyacentes y, si es necesario, solicitar estudios específicos como una polisomnografía para diagnosticar trastornos del sueño complejos.

Mejorar la calidad del sueño en el adulto mayor
La higiene del sueño engloba todas aquellas prácticas que favorecen un descanso óptimo. Más allá de lo ya mencionado, llevar un diario del sueño puede resultar muy útil. Anotar durante dos o tres semanas a qué hora nos acostamos, cuánto tardamos en dormirnos, cuántas veces nos despertamos, cómo nos sentimos al despertar y qué actividades realizamos durante el día nos permite identificar patrones y factores que pueden estar interfiriendo con nuestro sueño sin que seamos conscientes de ello.
Los ejercicios de respiración son herramientas poderosas para reducir la activación fisiológica antes de dormir. Técnicas como la respiración 4-7-8 (inhalar durante 4 segundos, mantener 7 segundos, exhalar durante 8 segundos) activan el sistema nervioso parasimpático, promoviendo la relajación. La meditación y el mindfulness también han demostrado eficacia en mejorar la calidad de sueño en personas mayores, reduciendo pensamientos intrusivos y ansiedad.
Gestionar el estrés y la ansiedad es crucial. Las preocupaciones y la rumiación mental son causas frecuentes de insomnio en la tercera edad. Establecer una «hora de preocupación» durante el día, donde dedicamos 15-20 minutos a pensar en nuestras inquietudes y posibles soluciones, puede evitar que estos pensamientos invadan nuestra mente a la hora de dormir.
Sueño y descanso: el papel de la medicación
Los medicamentos para dormir pueden ser necesarios en determinadas circunstancias, pero su uso debe ser siempre supervisado por un proveedor de atención médica. Las pastillas para dormir tipo hipnóticos o benzodiacepinas presentan riesgos significativos en personas mayores: pueden causar somnolencia al día siguiente aumentando el riesgo de caídas, generar confusión mental, crear adicción y provocar un efecto rebote al suspenderlas.
Cuando un médico prescribe medicación para el insomnio, generalmente es como tratamiento a corto plazo mientras se trabajan las causas subyacentes y se establecen buenos hábitos. Nunca debemos automedicarnos ni prolongar el uso de estos fármacos sin supervisión profesional.
Existen alternativas naturales que, aunque menos potentes, presentan menos efectos secundarios. Los suplementos de melatonina pueden ayudar en casos de desincronización del ritmo circadiano, especialmente tomados 30-60 minutos antes de la hora habitual de acostarse. Infusiones relajantes como la valeriana, la pasiflora o la manzanilla tienen propiedades sedantes suaves que algunas personas encuentran útiles. Sin embargo, incluso estos productos naturales pueden interactuar con otros medicamentos, por lo que conviene consultar con un profesional antes de utilizarlos.
La importancia de un buen colchón para mejorar la calidad del descanso de las personas mayores
El equipo de descanso sobre el que dormimos tiene un impacto directo en la calidad de nuestro sueño, especialmente en la tercera edad. Un colchón inadecuado puede ser la causa oculta de múltiples problemas: desde dolor de espalda y articulaciones hasta despertares frecuentes que impiden lograr un sueño reparador.
Con la edad, nuestro cuerpo se vuelve más sensible a la presión. Los puntos de apoyo como caderas, hombros y lumbares necesitan una superficie que distribuya correctamente el peso corporal. Un colchón demasiado firme puede generar puntos de presión dolorosos, mientras que uno excesivamente blando no proporciona el soporte necesario para la columna vertebral, obligando a los músculos a trabajar durante la noche en lugar de descansar.
Las personas que sufren dolor crónico articular o muscular necesitan especialmente elegir el colchón adecuado que alivie la presión en las zonas sensibles. Los materiales viscoelásticos o las combinaciones de muelles ensacados con capas adaptables suelen ofrecer el equilibrio ideal entre soporte y adaptabilidad. Es importante tener en cuenta que dormir en un colchón demasiado duro puede agravar problemas de circulación y generar molestias innecesarias.
En Quality Descans llevamos más de 30 años ayudando a personas a encontrar su colchón ideal. Sabemos que cada persona es diferente y que las necesidades de descanso en la tercera edad requieren un asesoramiento especializado. Como distribuidores oficiales de Sonpura, trabajamos con tecnologías específicamente diseñadas para proporcionar el soporte y la adaptabilidad que el cuerpo necesita en esta etapa de la vida. Te invitamos a visitarnos para realizar una prueba personalizada donde evaluamos tu postura, peso y necesidades específicas.
Productos que mejoran el descanso en personas mayores
Más allá del colchón, existen otros elementos que contribuyen significativamente a mejorar el sueño de las personas mayores. Las almohadas cervicales adecuadas mantienen la alineación correcta de la columna durante la noche, evitando tensiones en cuello y hombros. La altura y firmeza de la almohada debe adaptarse a la postura de sueño preferida: más alta para quienes duermen de lado, media para quienes duermen boca arriba, y más baja o incluso sin almohada para quienes duermen boca abajo.
Los toppers o sobrecolchones son una solución excelente para añadir una capa extra de confort sin necesidad de cambiar todo el equipo de descanso. Resultan especialmente útiles cuando el colchón aún está en buen estado pero necesita un plus de adaptabilidad. Los toppers viscoelásticos o de látex natural proporcionan ese equilibrio entre suavidad superficial y soporte profundo.
Las bases articuladas representan un avance significativo en el cuidado de personas mayores. Permiten elevar tanto la zona de cabeza como la de pies, facilitando la lectura antes de dormir, mejorando la circulación sanguínea y aliviando problemas como el reflujo gastroesofágico o la insuficiencia venosa. Para personas con movilidad reducida o que requieren ayuda a domicilio, estas bases facilitan enormemente las tareas de cuidado y mejoran la autonomía.
En Quality Descans, como especialistas en descanso y distribuidores oficiales de Sonpura, ofrecemos soluciones integrales adaptadas a las necesidades específicas de cada persona mayor. Nuestros equipos están diseñados pensando en proporcionar el máximo confort, seguridad y calidad de sueño. Entendemos que mejorar su calidad de sueño no es solo una cuestión de comodidad, sino de salud y bienestar integral.
Preguntas frecuentes sobre dormir bien en la tercera
¿Cuántas horas debe dormir una persona mayor?
Las personas mayores de 65 años necesitan entre 7 y 9 horas de sueño diario, similar a los adultos más jóvenes. El mito de que necesitan dormir menos es falso. Lo que cambia es la distribución del sueño nocturno y la posible necesidad de una siesta breve durante el día para complementar el descanso.
¿Es normal despertarse varias veces durante la noche?
Los despertares ocasionales son normales, pero levantarse múltiples veces cada noche afecta la calidad del descanso. Si te cuesta volver a conciliar el sueño o si los despertares ocurren más de dos o tres veces por noche de forma regular, conviene consultar con un médico para descartar trastornos del sueño u otras causas subyacentes.
¿Por qué tengo más dificultad para conciliar el sueño ahora?
Con la edad disminuye la producción de melatonina, la hormona que regula el ciclo sueño-vigilia. Además, factores como medicamentos, enfermedades crónicas, dolor, cambios en el ritmo circadiano y malos hábitos de sueño pueden dificultar conciliar el sueño. Establecer una rutina consistente y crear un ambiente propicio ayuda significativamente.
¿La siesta es buena o mala para el sueño nocturno?
Una siesta corta de 20-30 minutos puede ser beneficiosa y no afectar al sueño nocturno. Sin embargo, siestas largas o tardías (después de las 15:00h) pueden reducir la presión homeostática del sueño, haciendo más difícil dormir por la noche. Lo ideal es una siesta breve después de comer si el cuerpo la necesita.
¿Cuándo debo consultar con un médico por problemas de sueño?
Debes consultar si experimentas insomnio persistente durante más de tres semanas, somnolencia diurna excesiva que interfiere con tus actividades, ronquidos intensos con pausas respiratorias, movimientos involuntarios de piernas o si los problemas de descanso afectan a tu estado de ánimo, memoria o calidad de vida general. El médico puede identificar causas tratables y orientarte hacia las soluciones más adecuadas.
¿Qué puedo hacer si me despierto y no puedo volver a dormirme?
Si después de 20 minutos no consigues conciliar el sueño nuevamente, es mejor levantarte de la cama y realizar una actividad relajante como leer con luz tenue o escuchar música suave. Evita mirar el reloj, no enciendas luces brillantes ni uses dispositivos electrónicos. Cuando sientas sueño, vuelve a la cama. Esta técnica evita asociar la cama con la frustración de no poder dormir.
¿Es cierto que algunos medicamentos afectan al sueño?
Sí, muchos medicamentos comunes tienen como efecto secundario la alteración del sueño. Algunos antihipertensivos, broncodilatadores, corticoides, antidepresivos y medicamentos para el dolor pueden causar insomnio o somnolencia excesiva. Si sospechas que tu medicación afecta tu descanso, consulta con tu médico. Nunca modifiques las dosis por tu cuenta; puede haber alternativas que funcionen mejor para ti.
¿Cómo sé si necesito cambiar mi colchón?
Si tu colchón tiene más de 8-10 años, te despiertas con dolor o rigidez, ves deformaciones visibles, notas hundimientos o te despiertas más descansado en otros lugares que en tu propia cama, probablemente necesitas renovarlo. Un buen colchón es fundamental para el descanso de las personas mayores y puede marcar una diferencia significativa en la calidad del sueño y el bienestar general.
En resumen
El sueño en el adulto mayor es fundamental para mantener una buena salud física, mental y emocional. Aunque los cambios en los patrones de descanso son naturales con la edad, muchos problemas de sueño pueden prevenirse o aliviarse con los hábitos adecuados y el entorno correcto. Recordemos los puntos clave:
- El descanso de calidad protege la salud: Fortalece el sistema inmunológico, mejora las funciones cognitivas, previene enfermedades y reduce el riesgo de caídas y accidentes.
- Los cambios son normales, pero no todos: Es natural que el sueño sea más ligero y fragmentado, pero el insomnio persistente o la somnolencia diurna excesiva requieren atención médica.
- Los buenos hábitos marcan la diferencia: Mantener horarios regulares, hacer ejercicio físico, cuidar la alimentación y crear un ambiente adecuado mejora significativamente el sueño en personas mayores.
- El equipo de descanso importa: Un colchón adecuado, almohadas apropiadas y complementos como toppers o bases articuladas pueden transformar la calidad del sueño en la tercera edad.
- Buscar ayuda profesional es importante: Si los problemas persisten, consultar con un especialista permite identificar y tratar trastornos del sueño específicos que afectan al bienestar general.
En Quality Descans entendemos el impacto del sueño en la salud y llevamos más de 30 años ayudando a personas a encontrar soluciones de descanso personalizadas. Si buscas mejorar tu calidad de sueño o el de un ser querido, te invitamos a visitarnos en nuestras instalaciones de Sabadell. Como distribuidores oficiales de Sonpura, te ofreceremos un asesoramiento experto y la posibilidad de probar diferentes opciones hasta encontrar la que mejor se adapte a tus necesidades específicas. Porque todos merecemos descansar bien, especialmente en la etapa de la vida donde más lo necesitamos.


